Argelia posee un peso económico importante en la región mediterránea como uno de los principales proveedores de gas para Europa. Esta posición genera un equilibrio entre su política exterior anticolonialista y su dependencia económica.
El suministro de gas aporta estabilidad al régimen argelino, influyendo en los precios y evitando un colapso económico a corto plazo. Sin embargo, la situación actual presenta complicaciones para el régimen, que ha mantenido el control del poder por más de seis décadas.