Burkina Faso rompió relaciones diplomáticas con Francia el pasado 26 de junio, un acto que marca un punto de inflexión en su relación con la antigua potencia colonial. El régimen militar de Ouagadougou fundamentó su decisión en crecientes acusaciones de injerencia extranjera y tras años de distanciamiento estratégico.
Como respuesta, París emitió ultimátums cruzados para forzar la salida del personal burkinés del territorio francés. El cierre de embajadas y delegaciones sella una ruptura hostil que reconfigura la geopolítica en el Sahel, consolidando el giro de Burkina Faso hacia nuevas alianzas internacionales.
El gobierno de Burkina Faso también acusó a Francia de apoyar activamente redes subversivas y de difundir declaraciones falsas y sesgadas para aislar al país en la comunidad internacional.