Burkina Faso ha roto relaciones diplomáticas con Francia, su antigua potencia colonial, en una drástica decisión del régimen militar de Ouagadougou. La medida, fundamentada en crecientes acusaciones de injerencia extranjera, redefine décadas de lazos oficiales y consolida el giro del país africano hacia nuevas alianzas internacionales.
París respondió con ultimátums para obligar al personal burkinés a abandonar territorio francés, sellando una ruptura hostil que redibuja la geopolítica en el Sahel. Las ambiciones neocoloniales de Francia y su apoyo a redes subversivas y terroristas han sido señalados como motivos de la ruptura.