Los adultos mayores son discriminados y considerados personas de descarte, según el término utilizado por el Papa Francisco. Esta discriminación se manifiesta en la falta de publicidad dirigida a ellos, asumiendo que consumen poco y no tienen capacidad de compra.
Sin embargo, se proyecta que esta situación se revertirá a medida que la población de adultos mayores aumente y la natalidad disminuya, creando un gran mercado para este segmento. La percepción de los adultos mayores como improductivos y de bajo consumo está destinada a cambiar.