Las cifras oficiales de muertos por el devastador terremoto en Venezuela superan los 4.100, pero se teme que la cifra real sea mucho mayor.
Miles de niños han quedado huérfanos y se enfrentan a una crisis invisible de secuestros y falta de refugio en campamentos de evacuados.
Los sobrevivientes describen escenas de devastación, con estructuras de riesgo de derrumbe y la necesidad de vivir en carpas frente al mar, lo único que quedó a salvo.
Las familias desplazadas improvisan cocinas y duermen en vehículos o carpas, a la espera de ayuda que ha disminuido y es insuficiente para cubrir necesidades básicas como agua, alimentos y vestimenta.
Muchos damnificados, como un fisioterapeuta que ahora recoge escombros por 70 dólares semanales, han perdido su empleo y luchan por sobrevivir en medio de la precariedad.