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Los límites a la bendición de Dios los ponemos nosotros mismos

Tensión: intercambio (30°)

Se argumenta que los límites a la bendición de Dios son autoimpuestos por las personas, quienes al no pedir lo suficiente o no tener suficientes "vasijas" (receptividad), limitan la provisión divina.

Se cita a Isaías, quien llama a "ensanchar el espacio de la tienda" y a no reparar en gastos, indicando que Dios tiene planeada una bendición mayor de la que a menudo nos atrevemos a pedir.

Se concluye que somos los únicos que podemos poner límites al progreso y a la bendición que Dios tiene para nosotros, y que debemos evitar ser escasos en nuestras peticiones.