Jonathan reitera que su alma prosperó al colocar a Dios en primer lugar, lo que cambió su vida en todos los aspectos: familiar, económico y sentimental. Se siente una persona realizada y libre de aflicciones, resentimientos, angustias, dolores y miserias pasadas.
Agradece a Dios y al Espíritu Santo por esta transformación, afirmando que la palabra divina se cumplió en su vida y que valió la pena devolverle a Dios sus primicias. Jonathan concluye expresando su felicidad y libertad.