El Instituto de Seguros para la Seguridad en Autopistas de Estados Unidos realiza pruebas de impacto comparativas entre autos antiguos y modernos para demostrar las diferencias en seguridad.
En un choque entre un Chevrolet Bel Air de 1959 y un Malibu de 2009, se observa cómo el auto antiguo se deforma completamente, con el conductor simulado impactando contra el volante y el techo colapsando, lo que resultaría en consecuencias graves o mortales. En contraste, el auto moderno, a pesar de ser más duro, absorbe la energía de forma controlada.
Una prueba posterior entre una Chevrolet Blazer de 1996 y una Blazer nueva de 2009 evidencia la misma tendencia: el modelo antiguo sufre una deformación severa del habitáculo y el techo, mientras que el nuevo mantiene la integridad estructural, permitiendo incluso abrir las puertas tras el impacto, facilitando el rescate de los ocupantes.