Se explica que la diferencia en el comportamiento de edificios ante un sismo, incluso si son de la misma construcción, puede deberse a la calidad del suelo donde están fundados. Suelos blandos o rellenos de antiguos cursos fluviales pueden amplificar las ondas sísmicas, provocando el colapso incluso de estructuras sismo resistentes.
Se cita el ejemplo de San Francisco, donde un terremoto afectó de manera selectiva a edificios construidos sobre antiguos lechos de río, demostrando la importancia crucial de las condiciones geológicas del subsuelo.