Tras los devastadores terremotos en Venezuela, la amenaza sanitaria se cierne sobre los damnificados, con advertencias de la ONU y la Organización Panamericana de la Salud sobre el aumento de enfermedades infecciosas.
El país, que ya atravesaba décadas de crisis política, económica y social, se encuentra con un sector salud puesto a prueba a un nivel extremo. La falta de agua potable y la descomposición de cuerpos expuestos tras la remoción de escombros agravan la situación.
Una réplica de magnitud 3,9 registrada esta mañana generó temor entre la población y llevó a la evacuación de edificios en Caracas. La comunidad internacional es crucial para que las víctimas no sean olvidadas y para asegurar soluciones habitacionales viables a largo plazo.