Rusia llevó a cabo un simulacro de ataque aéreo en el campo de entrenamiento de Alabino, cerca de Moscú. Equipos móviles de defensa aérea practicaron la respuesta ante drones que volaban a baja altura, disparando ametralladoras contra los vehículos aéreos no tripulados.
El entrenamiento incluyó la reacción y el desplazamiento rápido de los soldados, con el objetivo de mejorar la coordinación entre las unidades de reconocimiento y la tripulación de defensa aérea. Esta práctica responde a las amenazas de drones provenientes de Ucrania.