La tercera canícula del año en Europa ha generado una crisis, con temperaturas que no descienden por la noche y dificultad para combatirlas en ciudades como París. Se reportan altas cifras de mortalidad relacionadas con el calor extremo.
Residentes y autoridades piden medidas urgentes, como la instalación de aire acondicionado, que actualmente está prohibida en muchos edificios históricos. Se implementan soluciones temporales como ventiladores con botellas de agua fría y el uso de papel aluminio en ventanas, pero la falta de descenso nocturno de la temperatura agrava la situación.