El Citroën AMI-8 de 1972 presentaba un diseño distintivo con faros traseros de estilo particular y una moldura que cruzaba el portón trasero con el nombre de la marca y el modelo. El portón, de gran tamaño y fácil apertura, daba acceso a un baúl cuya capacidad se veía incrementada por la ubicación de la rueda de auxilio en el vano motor.
El paragolpes trasero era similar al delantero, metálico y cromado, con detalles de calidad a pesar de ser un auto económico. El baúl, aunque no de gran tamaño, era cómodo y apto para una familia tipo. El vehículo ofrecía una velocidad máxima de 115 km/h, con un motor refrigerado por aire que garantizaba un viaje placentero y sin sobrecalentamiento.
La suspensión, idéntica a la del Citroën 3CV, utilizaba ruedas independientes con brazos y amortiguadores horizontales. Las llantas de acero y neumáticos 5.0 S15 de 4 telas contribuían a su andar particular. La rueda quedaba parcialmente cubierta por el guardabarro, y el cambio se facilitaba mediante el crique que expandía la suspensión.