Las puertas traseras del Citroën AMI-8 contaban con vidrios corredizos y manijas de plástico. La ausencia de manija interior se debía al sistema de apertura de los vidrios. En la parte posterior, una bandeja bajo luneta protegía el equipaje visible.
El vehículo estaba preparado para la instalación de cinturones de seguridad de tres puntos, con roscas en los parantes que permitían su colocación sin necesidad de perforar el chasis. El diseño general del auto, más agradable que el del 3CV, buscaba atraer a un público estándar. La comodidad interior permitía el viaje de cuatro personas adultas, con espacio suficiente para las rodillas y un respaldo bajo pero funcional.
El auto competía en un segmento mediano, ofreciendo una configuración racional que cubría las necesidades básicas. La simplicidad de los comandos y la calidad de los materiales, aunque económicos, se adaptaban al segmento de mercado al que apuntaba el AMI-8, buscando captar a usuarios que no podían o no deseaban gastar mucho dinero en un automóvil.