Tomás Constantini expone su perspectiva sobre la ausencia en la vida de su hijo Milo, atribuyendo la situación a Jimena Campisi y a la falta de fluidez en la relación.
Argumenta que la visita inesperada al colegio de Milo, tras tres años sin verlo, generó una reacción de llanto en el niño y que la madre reaccionó negativamente. Tomás considera que la falta de contacto y fluidez en la relación es comprensible para un niño de 12 años ante un "padre ausente".
Además, menciona que sus otros hijos conocen a Milo y preguntan por él, pero no han tenido interacción debido a la distancia y las circunstancias.