Se relató que Satanás intentó realizar una falsa resurrección del cuerpo de Moisés para que el pueblo lo adorara, cometiendo idolatría. La intervención del Arcángel Miguel evitó que esto sucediera y preservó el cuerpo de Moisés, sepultándolo en un lugar secreto.
Se criticó la práctica en algunas sectas del judaísmo de orar en tumbas de rabinos muertos, creyendo que sus méritos pueden otorgar milagros, y se contrastó con la enseñanza de Yeshua de orar al Padre en el nombre de Su Hijo.