Tras la pérdida de su embarazo, Triana continuó con intentos de suicidio, recibiendo medicación psiquiátrica que guardaba para sus planes.
La violencia verbal y física ejercida hacia su pareja era un reflejo del odio que sentía, hasta que un día, aprovechando su ausencia, intentó quitarse la vida nuevamente.
Fue encontrada por su suegra, lo que derivó en su internación en un neuropsiquiátrico.