La capacidad de comprender las verdades divinas está determinada por el crecimiento espiritual. A medida que aumenta el conocimiento de Dios, también lo hace la comprensión espiritual. De lo contrario, la mente se embota y se pierde la revelación.
Se advierte contra ser "cristianos bonsai", es decir, estancados en la fe. Se insta a no detenerse en el crecimiento, ya que siempre hay más de Dios por descubrir. La inacción espiritual impide recibir nuevas enseñanzas y revelaciones, limitando la comunión con lo divino.