Carlos Javier Macalister analiza el desempeño de Argentina en el Mundial, señalando que el equipo no ha alcanzado aún el nivel de 2022, pero suplanta esa falencia con personalidad e historia. Destaca que la "sangre argentina", mezcla de diversas influencias europeas, se manifestó en momentos clave del partido contra Egipto.
Se argumenta que el equipo se impuso no por su calidad futbolística, sino por su temple y la herencia de las generaciones anteriores. Se menciona la importancia de la personalidad y la historia para superar dificultades en un torneo como el Mundial.