Se muestra la locura total en un local de tatuajes, donde la fiebre mundialista impulsa a la gente a plasmar su pasión en la piel. Laura, una de las clientas, expresa que sin sufrimiento no hay victoria y que la selección inspira alegría.
Adrián, con su tatuaje de Paredes ya hecho, anima a otros a sumarse a la tendencia. Mati, el camarógrafo, aún no se ha tatuado pero considera la posibilidad, mientras que otros clientes esperan la confirmación de la copa para decidirse.
Se destaca la conexión emocional con la selección, que genera una inmensa alegría a pesar del sufrimiento previo, y la importancia de la unidad nacional en torno al equipo.