La perla peregrina, con casi cinco siglos de historia, fue adquirida por el rey Felipe II en 1597 y formó parte de la joyería de la corona española.
La lucieron miembros de la realeza como Felipe III, Ana y Margarita de Austria, y el último propietario real fue Napoleón III.
Tras varias generaciones, Richard Burton la compró y Taylor la engarzó en un collar de rubíes y diamantes de Cartier. Fue vendida en subasta en 2011 por 11.800.000 dólares.