En Venezuela, los escombros del terremoto se han convertido en una fuente de ingresos para muchos. Los camiones que retiran los restos de las zonas afectadas descargan en descampados, donde personas buscan cobre, aluminio, bronce, zapatos o dólares para poder sobrevivir.
La situación económica en el país, ya difícil antes del sismo, se agrava. Quienes buscan entre los escombros esperan encontrar cualquier objeto de valor para llevar el "pan de cada día", evidenciando la profunda pobreza que afecta al 55% de la población venezolana, una miseria no creada por el terremoto.