Se analiza la reacción del gobierno ante las declaraciones del obispo García Cuerva, en particular su alusión a la corrupción, y se debate el rol de la Iglesia en la política.
Un funcionario del Ministerio de Economía, Felipe Núñez, criticó el discurso de García Cuerva por considerarlo político y no pastoral. Sin embargo, se reconoce el trabajo social de García Cuerva, lo que dificulta su confrontación directa por parte del gobierno.
Se menciona que el gobierno sabía de antemano que la Iglesia haría alguna declaración. Se debate si el Papa Francisco decidió no venir a Argentina por no querer ser utilizado políticamente o por otras razones. Se resalta que García Cuerva ha sido coherente con sus acciones sociales a lo largo del tiempo.