Se reconoce que en Argentina existen miradas despectivas hacia colectividades como la paraguaya y la boliviana, lo que indica que el país sí tiene un componente de racismo.
Se sugiere que la culpa de esta discriminación recae en los dirigentes políticos, quienes, al no controlar las fronteras y permitir el ingreso indiscriminado de inmigrantes, generan descontento y enojo en la población local.
Se ejemplifica con el caso de ciudadanos bonaerenses que se quejan de que inmigrantes, como la colectividad boliviana, ocupan campos y terrenos, generando bronca interna.