Se debate si la institución policial debe hacerse cargo del seguimiento psicológico de los efectivos que cometen actos de violencia, incluso después de ser dados de baja.
Alfredo argumenta que, una vez que un policía deja la fuerza, deja de ser problema de la institución, mientras que la otra parte defiende la necesidad de un abordaje interdisciplinario.
Se plantea que la policía no está preparada para este tipo de contención, pero se coincide en que el trabajo de seguimiento no se está realizando de forma suficiente.