Se insta a no detenerse en el crecimiento espiritual y a buscar las "profundidades" del río del Espíritu de Dios, resistiendo ser "cristianos bonsai". El objetivo es alcanzar el cuarto nivel, donde la dependencia de Dios es total y Su voluntad prevalece.
Este nivel caracteriza al cristiano maduro y quebrantado, poderosamente usado por el Señor. Implica dejar a un lado la voluntad personal y depender íntimamente de Dios, viviendo bajo cielos abiertos y experimentando Su poder y revelación.