Se comenta la austeridad de los festejos del 9 de Julio, contrastando con celebraciones pasadas que incluían chocolate con churros en Plaza de Mayo y la participación de artistas populares. Actualmente, los actos se perciben como más pequeños y concentrados en las autoridades.
Se observa una menor convocatoria de público en comparación con años anteriores, a pesar de ser un día feriado y de que muchos aprovecharon para visitar lugares históricos como el Cabildo y la Catedral. Se reflexiona sobre la posible pérdida de la vocación de celebración colectiva y la austeridad del Estado en estos eventos.