El predicador enfatizó la importancia de depender del Espíritu Santo en lugar de actuar de forma independiente para Dios. Señaló que los primeros cristianos entendieron esta dependencia y tuvieron una relación íntima con el Espíritu Santo, lo cual debería ser una prioridad.
Se destacó que la voluntad humana debe ceder ante la voluntad divina y que la relación con el Espíritu Santo debe ser cultivada para lograr resultados asombrosos, similares a los de la iglesia primitiva. El Espíritu Santo anhela una relación cercana y personal con los creyentes, tal como la tuvo con los primeros cristianos.
Para ser útiles al Señor, se requiere quebrantamiento y sumisión a Su voluntad. No se necesita poder económico ni un gran ejército, sino la presencia del Espíritu Santo. Trabajar con Dios en asociación con el Espíritu Santo es fundamental para una vida fructífera y bendecida.