Pepe Cibrián relata un emotivo momento en el que un juez de Cafayate, ya retirado, le ofreció su juzgado a disposición para lo que necesitara en relación a la adopción. A sus 70 años, Cibrián sintió que quizás ya no disponía del tiempo necesario para educar a un adolescente en el mundo actual.
A pesar de la generosa oferta, Cibrián decidió no seguir adelante con la adopción en ese momento, priorizando el bienestar del niño y reconociendo sus propias limitaciones de edad y tiempo para afrontar la crianza de un adolescente en un contexto tan complejo.