Se analizan los festejos posteriores al partido como un desahogo colectivo y una manifestación de resiliencia. Se destaca la energía de los jugadores y del público, a pesar del cansancio físico.
El psicólogo Marcelo Severio explica el síndrome del estrés agudo, el pico de cortisol y adrenalina que deja al cuerpo agotado. Señala que estos festejos masivos unen a la sociedad, eliminando las grietas habituales.
Se compara el efecto del fútbol con un fenómeno que trasciende diferencias sociales y políticas, uniendo a las personas en un objetivo común: ganar el mundial. Se menciona la capacidad de resiliencia colectiva del equipo, que se dobla pero no se quiebra ante la adversidad.