Se insiste en la idea de que las mentiras y las críticas destructivas provienen de "pelotudos" y "rabiosos del domingo", personas que se conforman con ser espectadores de la vida. Se advierte que inventan o distorsionan información para dañar a otros, como le sucedió a Santilli.
Se critica la falta de autocrítica y la tendencia a culpar a otros, señalando que el problema no son los "boludos" en sí, sino su gran cantidad y la falta de regulación sobre lo que dicen en plataformas digitales.