Se enfatiza que Jesús, aunque Dios, se despojó de su gloria para ser siervo y mostrarnos que también podemos ser siervos y más que siervos, como Él mismo dijo al llamarnos amigos. Se menciona que el siervo no sabe lo que hace su Señor, pero Jesús reveló la palabra y dijo lo que quiere de nosotros.
Se expone que Jesús no pecó, a pesar de ser tentado, y que al aceptar a Jesús, el creyente peca si quiere, pero no debe ceder a la tentación para no perder la bendición. Se aclara que la tentación no es pecado, y que al pecar, la persona se aleja de Dios.