Se presenta la historia de Gustavo, quien a los 17 años comenzó a sufrir ataques de pánico y ansiedad, sintiendo que se ahogaba. A pesar de ser tratado por profesionales, su condición empeoró, llevándolo a la depresión y a pensar en quitarse la vida.
Su tía, miembro de la Iglesia de la Gracia, oraba por su liberación. Gustavo relata que experimentó una sensación de vacío y desesperanza durante seis años. Un día, tuvo un encuentro con Dios mientras oraba, y al día siguiente acudió a la iglesia, donde el pastor lo señaló desde el altar, diciendo que el lloro puede durar toda la noche, pero la alegría vendrá por la mañana.