Se debate la complejidad de la salud mental en las fuerzas de seguridad y la necesidad de una evaluación continua y profunda, no solo al ingreso. Se enfatiza la importancia de la contención psicológica para el personal expuesto a situaciones de alto estrés.
Se plantea que, si bien devolver el arma a un policía con alta psiquiátrica puede sonar discriminatorio, la falta de un análisis exhaustivo y posterior al alta es un problema grave. Se sugiere la creación de departamentos de apoyo psicológico dentro de las comisarías.
Se mencionan las preocupantes cifras de suicidios y violencia, tanto de miembros de las fuerzas como en general, y se aboga por un control más riguroso y una contención efectiva para prevenir futuros trágicos sucesos.