Se analizó el fracaso de Moisés por anticiparse al tiempo de Dios y asumir un liderazgo prematuro sin la preparación ni la venia divina.
Se destacó que la obra de Dios debe realizarse a Su manera y en Su tiempo, y que Moisés no estaba listo para liderar, necesitando pasar por la escuela del quebrantamiento y la humillación.
Se enfatizó que Dios nos lleva al desierto para formarnos y transformarnos antes de utilizarnos, comparando este proceso con el de José y Moisés.
Se concluyó que el liderazgo espiritual es designado por Dios y no algo que se asume, y que para liderar al pueblo de Dios es fundamental ser un seguidor temeroso del Señor.