Una participante de Gran Hermano comparte su experiencia de vida, mencionando el profundo dolor de perder a su hijo, un sentimiento que la acompañará hasta el día de su muerte. Reconoce que perder a su padre fue terrible, pero destaca que él le enseñó a ser una mujer fuerte.
Afirma estar en paz consigo misma, aunque admite que se reprocha cosas a diario y se esfuerza por ser mejor persona. Extraña a su hijo, su esposo, su gato, su madre, hermanos y sobrinos, pero asegura no tener odio ni rabia en su corazón, ya que eligió estar en ese lugar y se siente bendecida por haber sido seleccionada.
Reitera que entró al juego para disfrutar cada momento, a pesar de los altibajos, y que su felicidad reside en la de su familia y su entorno cercano. Asegura estar bien, aunque a veces llore, se enoje o "putee", ya que esa es su verdadera forma de ser.