Los vecinos de La Tablada describen la situación de inseguridad como una "tierra de nadie", donde los robos a autos y las entraderas son moneda corriente, incluso a plena luz del día. La comunidad se siente obligada a autoorganizarse para su propia protección.
Ante la falta de presencia policial, los residentes instalan cámaras, alarmas y se turnan para vigilar durante la noche. La preocupación es constante, ya que sienten que no hay suficiente seguridad para prevenir nuevos hechos delictivos.