Se reflexiona sobre la pérdida de fe de Moisés al final de su vida, atribuyéndola a la falta de comunión con Dios y a la pérdida de su amistad íntima con Él.
Se enfatiza que la fuente de la fe de Moisés era su relación profunda con Dios, y que al descuidarla, su ministerio y vida se vieron acortados.
Se subraya la importancia de mantener la comunión y la relación con Dios como el tesoro más importante, advirtiendo contra la "flojera espiritual".