La hermana mercedaria, reconocida por su habilidad para bailar murga, comparte su historia de vocación y cómo su amor por el baile se entrelaza con su vida religiosa.
Desde niña, la murga ha sido una parte fundamental de su identidad, y esta pasión resurgió inesperadamente durante la celebración del centenario de su colegio. Un comentario de una hermana sobre su habilidad para bailar llevó a que fuera invitada a unirse a la murga del barrio, resultando en videos virales que mostraron su talento y alegría.
Relata el proceso de su vocación religiosa, que inició a los 20 años tras una experiencia en una misión. A pesar de tener planes de vida distintos, sintió un llamado divino que la llevó a replantear su futuro. La decisión fue un proceso reflexivo que comunicó a su familia, quienes la apoyaron incondicionalmente.
Además de su vida religiosa, es docente de nivel inicial, una vocación que descubrió antes de ingresar a la congregación. La combinación de su fe, su amor por la enseñanza y su pasión por la murga la definen como una persona multifacética que encuentra propósito y felicidad en diversas facetas de su vida.