La ferretera que atendió a Soledad Andreani y Barrelier describe la interacción. Señala que Andreani era la única que descendía del vehículo y realizaba las compras, mientras Barrelier se mantenía en el auto, abriendo el baúl y manipulando una frazada o lona. Andreani consultaba telefónicamente con supuestos albañiles sobre los materiales a adquirir.
La vendedora notó que Andreani preguntaba por diversos productos, incluyendo un cerrucho, y que Barrelier solo asentía cuando ella le consultaba. La ferretera considera que, si bien no puede asegurarlo, la compra del cerrucho podría interpretarse como un intento de desviar la investigación, dado que ya se había descartado el cuerpo.