En Venezuela, la esperanza de encontrar sobrevivientes del terremoto persiste, especialmente en el caso de Lucas Campos, un niño de nueve años rescatado y cuya familia se aferra a la posibilidad de vida. La resistencia se manifiesta también en la recuperación de cuerpos por parte de los familiares.
La zona cero de los Palos Grandes muestra una cruda realidad, con edificios completamente derrumbados. La dinámica contrasta con la aparente normalidad que intenta retomar Caracas, con flujo vehicular y personas volviendo al trabajo, aunque las clases sigan suspendidas.
Los esfuerzos de rescate se han ralentizado significativamente. Desde el 1 de julio, solo se reportó un rescate oficial, lo que evidencia la dificultad de las labores y la transición hacia la limpieza de los terrenos devastados.