El análisis sobre el liderazgo "tóxico" continuó, enfocándose en la raíz del miedo a la derrota. Se explicó que esta obsesión por evitar perder, más que el disfrute de ganar, puede llevar a conductas extremas y a una mentalidad inflexible, como la de algunos entrenadores que operan desde hace décadas.
Se contrastó esta visión con la de entrenadores como Menotti, quienes promovían un enfoque más positivo y disfrutable del juego. La conducta de un líder, ya sea positiva o negativa, se vuelve un "karma" o un patrón difícil de cambiar, influenciado por experiencias pasadas.
Se concluyó que estas actitudes, basadas en el miedo, limitan la capacidad de adaptación y la conexión humana, afectando tanto las relaciones interpersonales como el desempeño profesional. La resignación o la resistencia al cambio, aunque distintas, pueden generar infelicidad similar.