Se generó un intenso debate sobre el concepto de "colonialismo" aplicado al fútbol internacional, especialmente en relación a las nacionalidades de los jugadores que representan a distintas selecciones.
Los panelistas cuestionaron la práctica de naturalizar jugadores de otros países para reforzar equipos, argumentando que esto desvirtúa el espíritu deportivo y perpetúa dinámicas coloniales. Se mencionó el caso de Francia, con una gran cantidad de jugadores nacidos fuera del país, y se comparó con la situación de otros equipos y selecciones.
Se planteó que la FIFA, al permitir y fomentar estas prácticas, estaría priorizando el negocio sobre la integridad del deporte, promoviendo un "mundial colonial" bajo la apariencia de multiculturalismo.