Leda describió cómo empezó a "ver la vida" de una manera diferente, percibiendo el dolor y la oscuridad en las personas.
Comparó su experiencia con la de San Pablo, quien tras caer del caballo, "se le caen las escamas de los ojos y empieza a ver". Leda sintió que empezó a ver más allá de lo superficial, comprendiendo que había "algo más" que el mundo material.
Esta nueva percepción la impulsó a transformar su vida y a dedicarse a ayudar a los demás, sintiendo la necesidad de compartir el mensaje de Dios.