La otra cara del calor europeo se manifiesta en las condiciones de trabajo de quienes no pueden resguardarse en interiores, como repartidores, choferes y obreros de la construcción. Greenpeace Italia documentó las altas temperaturas que enfrentan estos trabajadores en las calles de Roma utilizando cámaras térmicas infrarrojas.
Las imágenes revelaron superficies que alcanzaban hasta 73 grados Celsius, exponiendo a figuras humanas a un "infierno invisible". La organización busca visibilizar las precarias condiciones laborales y los riesgos para la salud que implican estas temperaturas extremas para los trabajadores al aire libre.