Londres se encuentra atravesando una intensa ola de calor, con temperaturas que han superado los 40 grados y provocado víctimas fatales. La ciudad, con construcciones antiguas y sistemas de ventilación deficientes, sufre especialmente el alza térmica, ya que las casas con doble vidrio y la falta de aire acondicionado en muchos edificios y transportes públicos dificultan la climatización.
Las escuelas debieron cerrar o acortar sus jornadas, y la compra de ventiladores y aires acondicionados portátiles se disparó, agotando rápidamente el stock disponible. Si bien las temperaturas han descendido ligeramente en los últimos días, se pronostica un nuevo aumento para la próxima semana, manteniendo la alerta.
A diferencia de otras culturas, los británicos tienden a ser más precavidos que quejosos ante el calor extremo, con planes de contingencia implementados en escuelas y oficinas. Sin embargo, la falta de infraestructura adecuada para soportar estas temperaturas se evidencia en la dificultad para climatizar espacios y la rápida saturación de la oferta de aparatos de refrigeración.