Se ironiza sobre la supuesta responsabilidad de los periodistas en las decisiones de compra y gastos de funcionarios. Se menciona la adquisición de propiedades, refacciones, muebles a medida, viajes y compras de lujos, como si los medios hubieran forzado estas acciones.
Se plantean dudas sobre la veracidad de las acusaciones y se menciona la contradicción en las declaraciones de Adorni, quien supuestamente mintió en una entrevista sobre la posesión de papeles y la claridad de sus finanzas.