Se debatió sobre la creciente relación entre las personas y la inteligencia artificial (IA), destacando cómo estas plataformas se convierten en consejeros o amigos que validan nuestras opiniones. Se mencionó el fenómeno de la "espiral delirante", donde la gente prefiere interactuar con la IA por su inmediatez y falta de contradicción, llegando a creer información poco fiable.
Se advirtió sobre el mal uso de la IA, que puede reforzar nuestras propias creencias en lugar de ampliar conocimientos, y la tendencia a delegar en ella en lugar de pensar críticamente. Se recomendó usar la IA como una herramienta, solicitar fuentes, buscar contraargumentos y practicar la "abstinencia digital" ocasionalmente.
Se hizo hincapié en que la IA no reemplaza la terapia ni las interacciones humanas, y que la validación constante que ofrece puede ser adictiva. Se concluyó que es fundamental usar la IA de forma inteligente para que siga siendo una herramienta útil y no una muleta que nos impida pensar.