La corrupción es un fenómeno complejo que, según el especialista Francis Fukuyama, está intrínsecamente ligado a la naturaleza humana, manifestándose a través del nepotismo y el clientelismo.
Fukuyama explica que estos instintos, si bien han sido cruciales para la supervivencia evolutiva de la especie, también dificultan el control de la corrupción. Sin embargo, destaca la capacidad humana para construir instituciones que logren contener dichos instintos, lo cual es fundamental para alcanzar el progreso social.
El autor advierte que estas instituciones, a pesar de su importancia, se encuentran constantemente amenazadas por la tendencia natural de los individuos a anteponer sus intereses personales y familiares.
Fukuyama expresó su preocupación por la erosión de la institucionalidad en Estados Unidos, ejemplificada en la presidencia de Trump, donde los conflictos de interés se han vuelto habituales y las normas de gestión se consideran obsoletas.