Se cuestiona la falta de rebeldía de los futbolistas ante presuntas irregularidades en el Mundial, como la revocación de la expulsión de Folarin Balogun tras una supuesta llamada de Donald Trump a la FIFA. Se señala que los jugadores están en una "zona de confort" y no alzan la voz, a diferencia de figuras como Mbappé o Marcelo Bielsa en el pasado.
Pablo Ladaga, en su relato desde Estados Unidos, destaca el silencio de los jugadores y la pasividad ante situaciones como la ocurrida con Balogun, así como incidentes previos con Irán y México. Se advierte que esta situación sienta un precedente peligroso para futuras competencias.
Se menciona la posibilidad de que Bélgica apele la decisión ante el Tribunal Arbitral Superior, pero se subraya la importancia de que los jugadores se pronuncien para generar un cambio real. La ausencia de reclamos colectivos ante injusticias deportivas es vista como un síntoma de la "industria del fútbol" y la comodidad de sus estrellas.